Una taza

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Una taza.

Hay días en los que puedes encontrar en una taza de café tu mundo. Y días, en los que tu mundo se encuentra en esa taza de café.

Puede que al principio de los tiempos ese café tuviera sabor a chocolate, que fuera acompañada de la merienda en una fría tarde de invierno. En la que un brasero bajo la mesa te acompañaba mientras haces los deberes.

Con el paso de los años esa taza de café puede estar acompañada de las explicaciones de un compañero de clase sobre ese ejercicio que seguro que va a caer en un examen.

Hay veces que una taza de café es un buenos días.

Hay días que con esa taza solo se busca saber como estás.

Hay momentos en los que te marcan un descanso. Y otros en los que el aroma que desprende te puede enamorar.

Hay ratitos en que invita a las confidencias y, otros, en los que las carcajadas amenazan con poderla romper.

Hay días en los que mientras bebes de la taza puedes soñar, puedes construir tu mundo. Y otros días en los que te hace reflexionar.

Pero lo importante no es esa taza, es la gente que hay detrás.

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