Capítulo 3: Las escaleras del mal

Noche de brujas 0 Comentarios

Las tres amigas salieron del salón y comenzaron a subir a trompicones las escaleras. Al llegar al desván la puerta estaba atrancada.

-Claudia, esta puerta esta atrancada-jadeó Diana.

-No puede ser, la dejé abierta esta tarde-contestó Claudia nerviosa.

-¿Tienes un destornillador? Creo que podría desmontar la cerradura-comentó Julia entretenida.

-Hoy en bricomania, un briconsejo de Julia.

-No te burles Diana, tenemos que entrar a encontrar nuestras respuestas- regañó Claudia bajando la escalera.

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A medida que iba bajando escalones, Claudia, comenzó a escuchar los ceceos de miles de serpientes a su alrededor. Antes de acabar la escalera, sintió una que comenzaba a subir por dentro del camal del pantalón. Su piel suave y mojada iba deslizándose por su pierna en busca del lugar perfecto para morder. Los gritos de Claudia alertaron a sus amigas, quienes al bajar por la escalera se encontraron a su amiga tambaleándose de un lado a otro desesperada.

-Ayudarme, por favor-gritaba desesperada-¡Una serpiente, una serpiente!

-Claudia no hay nada.

-¡Matarla por favor!

Diana, sin comprender lo que pasaba cogió una de las calabazas y la lanzó contra su amiga, quien desequilibrada cayó al suelo. En ese momento, las calabazas cobraron vida atacando a las tres amigas. Julia asustada se apoyó en la estantería que ocupaba el hueco de la escalera. De ella cayó un caleidoscopio antiguo que rodó hasta Claudia, quien a patadas intentaba quitarse las calabazas de encima. «El caleidoscopio del abuelo»pensó.

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Sin saber muy bien el por qué, lo cogió y miró a través de el. Sus miles de cristales comenzaron a formar las figuras que hacía años había aprendido de memoria. Poco a poco los dibujos coloridos se tornaron en funestas calaveras. Hipnotizada por esa imagen, Claudia, no podía dejar de mirar.

De pronto las calaveras comenzaron a vomitar murciélagos que por arte de magia llenaron la estancia. Esos pequeños vampiros les nublaron la vista a las tres amigas haciendo que todo se tornaran negro a su alrededor. Asustada, Diana recordó como de pequeña su madre le contaba historias en Halloween y como con una sola palabra se paraba todo el mal.

-Lanandop-gritó Diana de pronto haciendo desaparecer las calabazas que les estaban atacando.

-Diana, ¿qué has hecho?-reclamó Julia mientras espantaba murciélagos.

-¡No lo sé! ¿Ves a Claudia, Diana?

-Repite lo que has dicho-chillo Julia desesperada

-¡¡Lanandop!!

Al pronunciar aquella palabra, los murciélagos desaparecieron dejando a Claudia en el suelo mirando absorta a través del caleidoscopio.

-¡Dios mío! ¿Claudia estás bien?-gritaron las dos amigas al unísono.

Claudia, absorta en las imágenes que veía, seguía mirando como los cristales bailaban delante de sus ojos. Las calaveras habían dado lugar a una gran hoguera que rodeada de mujeres. Bailaban y saltaban envueltas en capas mientras que una música ancestral llegaba hasta sus oídos. Estaban contentas, jugando con las llamas, sonrientes y alegres se pasaban entre ellas una botellas de lo que parecía licor.

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Cuando más entretenida estaba viendo esa imagen la música se paró. El murmullo de una masa enfurecida la ensordeció rompiendo la imagen, mientras que un tirón la traía de nuevo a la vida.

Tardó un buen rato hasta que pudo enfocar de nuevo la imagen. Cuando al fin lo consiguió se encontró a sus dos amigas sentadas en el suelo junto a ella preocupadas.

-¿Claudia, estás bien?-preguntó Julia llorando.

-Sí, sí.

-¿Qué ha pasado?¿Qué has visto en ese caleidoscopio?-interrogó Diana ansiosa.

-Me estaba contando una historia, los…los cristales bailan creando imágenes que nunca había visto. En ellas aparecían tres mujeres, aparecía la muerte y había murciélagos.

-Nosotras también hemos visto murciélagos, créeme-Dijo Diana sobrepasada.

-Sí pero dijiste algo y paró el ataque-comentó Julia-¿Cómo se te ocurrió?

-Me acordé de una historia de mi infancia-contestó Diana.

Al escuchar la respuesta de Diana, Claudia cayó. Ella también se había guiado por sus recuerdos, de las historias que le habían contado de pequeña. ¿Qué explicación podría tener aquello?

Durante un rato permaneció en silencio, ausente del parloteo que mantenían sus amigas, por un momento se dejó llevar por los tiempos ya vividos. Se acordó de sus padres, quienes habían muerto demasiado jóvenes, pero de los que aún guardaba algún recuerdo. También pensó en sus abuelos, en las cosas que le les gustaba y en ese momento le llegó la idea que estaba esperando. Tanto su abuela, como su madre tenían siempre un libro de cabecera. Su abuela le había dicho muchas veces que en esas páginas estaba la solución para todos los problemas. Pero, ¿dónde lo había metido después de la mudanza?

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Sin decir nada, se levantó y salió corriendo, tenía que estar en el trastero.

Diana y Julia, la siguieron desconcertadas. A pesar de las preguntas Claudia no les contestaba. Así que al verla mover cajas le ayudaron despejándole el terreno. Una hora después, Claudia anunciaba con entusiasmo:

-¡Chicas, aquí está la explicación a todos nuestros problemas!

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