Capítulo 7: Una cita peculiar

El enfoque de Lola 0 Comentarios

Mientras bajamos en el ascensor hago una inspección a los zapatos en busca de algún fallo inexistente. Estoy nerviosa, ¿para que lo voy a negar?

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Hace tanto que no me relaciono con nadie de fuera de mi entorno que no sé como iniciar una conversación. Y hablar del tiempo encerrados en un ascensor, la verdad, me parece absurdo.

De reojo veo a David apoyado en el cristal con las manos en los bolsillo. Parece cómodo, tranquilo, mientras espera a que lleguemos a la recepción del hotel. Pero cuando el timbre anuncia la llegada me descoloca ver el parking del hotel en vez del Hall, ¿dónde vamos? Esperaba salir a dar un paseo, como mucho tomar una copa y, a todo esto, todavía no sé por qué acepté.

Al girarme veo que sus ojos me sonríen divertidos a la vez que con la cabeza me invita a pasar. Lejos de darle el gusto me quedo parada con miles de preguntas en los ojos.

-¿Qué vamos a hacer?-empiezo a disparar.

-Dar una vuelta-contesta tapando el sensor hace que se cierre la puerta del ascensor.

Me cruzo de brazos descolocada todavía, no quiero montarme en un coche con un desconocido. Podría ser un asesino en serie y es un riesgo innecesario. Bueno, siendo realista, no parece que sea mala persona y de todas formas llevo un bote de gas pimienta en el bolso, por si acaso.

-¿Por qué no vamos en taxi?

-¿Podemos salir de aquí para discutirlo?

A la defensiva doy los tres pasos que me sacan del ascensor antes de volver a enfrentarme a él.

-Lola, prefiero ir en mi moto a algún lugar tranquilo pero si no quieres subimos a la fiesta.

Su sinceridad antes de que pueda decir nada me descoloca. No digo nada, no sé que decir.

Le miro indecisa mientras espera que le conteste con las manos en los bolsillos. Otro me estaría mareando para que le dijera que sí, vendiéndome que el local donde vamos a ir es el que está de moda o cualquiera otra excusa con la que poder meterme mano.

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Pero David no. Esta dejándome decidir y eso me gusta. Creo que hasta ahora a ningún hombre le había importado mi opinión.

-Vale-digo tan bajito que no se si me escucha.

-¡Menos mal! Me veía aguantando a gente que no me apetece ver-comenta regalándome una gran sonrisa-¿Dónde vamos?

-Eh, ¿no tienes pensado ningún sitio?-pregunto mientras que echamos a andar.

-¿La verdad?

-Claro.

-No. No tenía pensado nada.

-Ah, perdona ¿No habías propuesto tu salir?

-Sí, pero me gusta que me sorprendan-contesta encogiéndose de hombros.

En ese momento derriba mis barreras, si es que cuando quiere es hasta mono. David es una persona bastante peculiar, se pasa la vida organizando cosas y es incapaz de organizar una salida para el.

-Menudo morro-contesto riéndome.

Media hora después entramos en el local menos glamuroso que os podáis imaginar. La primera vez que vine a este karaoke fue en una cena de empresa. Desde entonces, Clara y yo planeamos una escapada a este antro más o menos cada dos meses para tomar cervezas y berrear hasta quedarnos sin voz.

-Vaya, eres de gustos refinados-comenta David sentándose en uno de los taburetes de la barra.

-La culpa es tuya-digo risueña.

-¿Mía?

Antes de contestar le pido dos botellines a la camarera.

-Sí, tuya. ¿A quien se le ocurre invitar a alguien a salir y no planear nada?

-Bueno, tranquila, ya te lo compensaré con otra cita.

«¿Cita? ¿Ha dicho cita?»pregunta mi mente alarmada.

-Pero no puedes quejarte-añade antes de que diga nada-tú saliste corriendo el otro día.

-Tenía trabajo.

-Claro, por eso la llamada era de tu madre. ¿Verdad?

Clavo mis ojos en su cara con la mirada espantada ¡Qué vergüenza!

-Yo, yo…-tartamudeo sin saber que decir.

-Tranquila, ya nos dijo Clara que te habías enfadado con ella–responde quitan importancia al asunto con su mano. –Bueno, ¿qué se hace para divertirse aquí?

Miro a David mientras le mando un mensaje silencioso de agradecimiento a mi amiga. Parece que Clara no está tan enfadada como parecía.

-¿Cantar?

-¡Ni de coña!-responde él.

-Oh, venga. No me digas que no sabes cantar.

-Créeme no quieres saberlo.

Con una sonrisa picara le pido a la camarera que nos apunte para la próxima canción. Y cuando llega nuestro turno casi me toca arrastrar a David hasta el escenario.

-Lola, el que canta es Lucas-intenta convencerme mientras tiro de él.

-Ya, pero a mi me gusta el karaoke.

-Lola, por favor-ríe divertido-¡que tengo miedo escénico!

-No cuela machote, ¡vamos!

Seis canciones después y con demasiadas cervezas encima decido que David canta como si a un gato le arrancaran la piel.

-¡No me lo explico!-protesto eufórica saliendo del local-Tú hermano canta genial, ¿a quién has salido tu?

-No seas perversa Lolita y no me tires de la lengua.

-¿Perdona? ¿Eso es una amenaza?-respondo encarándome de broma hacia él.

-¿Qué pasa si lo es?-pregunta mientras me envuelve por la cintura.

-Pues que te informo que soy cinturón negro dando calmantes…

-No me digas-susurra más cerca de lo que debería.

-Sí-contesto mirándole a los ojos.

-¿De verdad?

Y antes de abrir la boca noto como sus labios impactan contra los míos regalándome un beso devastador.

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Sé que conscientemente me apartaría, que mañana es seguro que me muera de la vergüenza, pero en este momento decido dejarme llevar.

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