Capítulo 3: Azul

El enfoque de Lola 0 Comentarios

Al volver al bar lo primero que me encuentro es a mi amiga sentada en uno de los taburetes de la barra. Sé que intenta disimular y parecer sofisticada pero sus saltitos de emoción, mal disimulados, hace que no lo consiga.

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-¿Tú que haces aquí?

-Jugar al cinquillo, ¿lo preguntas en serio?-contesta entre susurros

-¿Y el trabajo?

Antes de decir nada, me regala un golpe triunfal melena con el que me queda claro que ha engañado a su jefe para venir.

-Tengo gastroenteritis, me encuentro fatal y para curarme…

-Necesitas una cerveza-completo con desgana mientras abro la nevera en la que están los botellines.

-Muy bien, Lolita.

-Deja de dar palmas, tienes un jefe que no te lo mereces.

-Tía, esta vez está justificado, ¿tú has visto quien está ahí?

-Sí. Lo he visto y no quiero volver a verlos más-admito mientras le sirvo la bebida.

-Pues yo quiero un autógrafo…

-A mi no me mires, yo ya he hecho bastante bañando en cerveza a uno de sus acompañantes. Ves y pídeselo tú.

Como se lo que va a venir a continuación, me dedico a rellenar las neveras evitando mirar a todo aquello que hay al otro lado de la barra.

Mi amiga, aunque es una persona abierta y social, es capaz de volverse tímida como una niña pequeña cuando esta frente alguien que le interesa mucho. Y, siempre, y cuando digo siempre es siempre, intenta arrastrarme para que le dé la seguridad que necesita. Por supuesto, tener a su cantante favorito en la misma habitación no es una excepción.

-Por favoooooor.

-Noo.

-Vaaaaa, porfaaaaa ¿Te he dicho que eres la mejor amiga del mundo?

Cansada de su juego sucio lanzo una mirada de advertencia. Estoy trabajando y no voy a permitir que me monte una escena. Pero en vez de encontrarme con mi amiga, me topo con los mismos ojos azules que hace un rato he bañado en cerveza.

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-Dime, preciosa, ¿por qué no te das el gusto?

«Perdona, ¿ha dicho preciosa?»grita mi cerebro mientras le sostengo la mirada.

Y es que si hay algo que me saque de quicio son los tíos que se toman unas licencias que no les corresponden. Los sobraos, los chulo playa…Esos a los que te dan ganas de abrir la mano todo lo que puedes para acariciarles con fuerza la cara. ¿Sabéis a los que me refiero? Pues esos mismos.

-¿Disculpe?-pregunto a la defensiva.

Lo siento mucho, pero este tío me cae mal.

Primero, me intenta ayudar haciendo que lo bañe en cerveza y ahora se mete donde nadie lo llama.

-Solo digo que porque no os sentáis con nosotros. Parece que a tu amiga le gustaría conocer a Lucas Sanz-contesta regalándole una sonrisa perfecta a Clara.

-No se si usted se ha dado cuenta, pero yo estoy trabajando-respondo de mala gana.

-¿Y esta noche?

-Tengo plan.

-¿Mañana?-insiste

-Estaré trabajando.

-¿Por la noche?

-Mmm…seguramente me haya muerto, ¿lo captas ya o seguimos?

Cuando quiero darme cuenta de lo que acaba de salir por mi boca es demasiado tarde. Sorprendida miro a Clara quien al cruzar nuestras miradas me indica que cambie de posición.

Poco a poco me he ido apoyando en la barra, creciéndome ante aquel hombre, quien me mira divertido.

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Sin saber que hacer, cojo el trapo con el que estaba limpiando las copas a primera hora y comienzo a jugar con el.

-Póngame un tercio, por favor. La cerveza de barril no es su fuerte pero no se lo diga-comenta divertido a Clara.

Y sin poder evitarlo me envaro ante ese comentario desde luego el señor es un gilipollas de marca mayor.

Sin volver a mirarle, para evitar soltar una nueva fresca, sirvo la bebida y me retiro al office a rumiar hasta que vuelve a su mesa.

Cuando vuelvo a la barra, Clara me mira con una sonrisa de medio lado.

-No te rías, ya se que he hecho un ridículo espantoso.

-Pues yo creo que ahí hay mucha química-comenta dando vueltas a su botellín.

-¿Qué dices?

-Niégame que es el hombre más guapo que has visto en tu vida. Ten el valor de decirme que no te gusta ni un poquito.

-Por supuesto que no…es un gilipollas, ¿no lo has visto?

-Ya…-responde divertida ante mi contestación.

-Hablo en serio- me reafirmo.

-Vale, vale-admite mientras se baja del taburete.

-¿Ya te vas?

-Alguien tendrá que hacer la compra, señorita. Anda invítame a la cerveza por el favor…que no llevo un duro.

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-Tú y tu costumbre de salir sin dinero de casa-le reprocho.

Antes de marcharse me dedica una sonrisa picara mientras señala con la mirada al hombre que hace un segundo me ha sacado de mis casillas.

Molesta miro el reloj para ver que es la una. Solo espero que llegue pronto mi compañero, comer en paz y que se pase la tarde rapidito.

La verdad es que si pudiera cogía el bolso y me marchaba con Clara. Pero el deber es el deber, solo espero que ese hombre me deje en paz.

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