Capítulo 9: El rechazo

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El corazón se me heló al ver su llanto. Cualquiera que nos viera podría pensar que se la pena con la que ella rompió a llorar era por culpa de una mala noticia.

Para evitar las miradas de la gente que pasaba por nuestro lado, cogí su brazo y la guié hasta un pequeño parque que teníamos cerca. Después de sentarnos en el banco más discreto que encontré le tendí mi pañuelo para que se secara las lágrimas. Encendí torpemente un cigarro e intenté controlar el nulo que se me había formado en la garganta.

cap 9

Observé con detenimiento su rostro mientras ella intentaba controlarse. No dejaba de jugar con el anillo que llevaba puesto sobre el dedo índice de su mano derecha y que recordaba su compromiso. Después de tomar aire, pretendí reunir las palabras necesarias para declararle mi amor.

-Gala tengo que decirte que nun…

-Calla, por favor-me interrumpió intentando contener las lágrimas.

-No, no puedo. Tengo que decirte que…

-¿Qué me vas a decir?-volvió a cortar con insolencia-¿Qué estás enamorado de mí? ¿Crees que acaso importa?

La fuerza con la que emergía su rabia lo único que había conseguido era dejarme mudo. Antes de que pudiera articular palabra las suyas se derramaron con el único propósito de herir mi alma.

-No, no lo crees. Tú solo buscas una niña bonita, alguien sumisa, refinada y de buena familia para poder reforzar tus negocios. ¿Crees que saltaré a tus brazos con solo pedírmelo, verdad? Sí, claro que lo crees, no me lo niegues-.Se contestó mientras se levantaba del banco-Estás convencido de que me tienes comiendo de tus mano y, con ello, conseguirás que desobedezca a mi familia. Pues disculpa que te diga que no, soy una mujer comprometida y ya le di mi palabra a mi padre.

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La observé razonar su enfado mientras caminaba por delante del banco en el que nos habíamos sentando unos minutos antes. Aquella mujer era un torbellino y, lo que era mejor, tenía los arrestos de pegarme la bronca en público sin ningún tipo de razón. Cuando me cansé de escucharle decir tonterías que no venían al caso, ya que yo aún no había abierto mi boca, decidí intentar averiguar el porqué de su enfado.

-¿Me puedes explicar por qué estás tan enfadada?-dije suavemente.

-¡Pues claro que no!-contestó cruzándose de brazos.

-¿No? ¿Por qué?-«Paciencia, Luis.» pensé mientras me levantaba.

-Porque no me da la gana, ¿te queda claro?

-Eres una insolente-repliqué al borde de perder los nervios.

-Y tú un descarado-aquella mujer tenía respuesta para todo y, lo peor de todo, es que me encantaba-. ¿No sabes que estoy comprometida?

-Yo solo te he dicho que tenemos que hablar, el resto de la escena te la estas montando tu sola-le contesté a caballo entre la histeria y la diversión.

-Ah, ¿sí? Pues mira como no me gusta dar ningún espectáculo me voy a mi casa-me gritó al pasar junto a mi oído.

Tardé tres segundos en reaccionar. Ella estaba muy nerviosa, así que en el primero de ellos pensé dejarla ir. En el segundo me dediqué a decirme lo imbécil que sería si lo permitía. Por último, empleé el tercer segundo para girarme y agarrarle con fuerza el brazo.

Como si jugara con una pluma su cuerpo giró hasta que la arropé con el mío. Sus ojos enfurecidos toparon por un instante con mis ojos y en ese momento creo que perdí la razón. Al notar el aterciopelado roce de sus labios en los míos mi rebelde mano salió disparada hasta su nunca para reforzar más nuestro vinculo. Creo que pocas cosas más he disfrutado en esta vida, ya que en mientras rozaba sus labios noté como bajaba todas sus defensas.

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Gala era una mujer de carácter a la que la vida la había obligado a acatar la voluntad de los demás. A partir de ese momento, si es que ella me dejaba, las cosas cambiarían mucho para los dos. Eso, si no me partía la cara o me daba una paliza en cuanto la soltará. No obstante, os aseguro que era un momento por el que merecía la pena apostar.

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